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¿Cómo respiran nuestras ciudades?

¿Cómo respiran nuestras ciudades?
Cuidar la calidad atmosférica de tu ciudad es de vital importancia para evitar repercusiones que afecten a tu salud causadas por la contaminación del aire

La comunidad científica coincide abiertamente y de manera rotunda en que existe una clara influencia entre las condiciones climáticas de una ciudad y la salud y el bienestar de las personas que la habitan. En las últimas décadas, se han puesto de manifiesto una serie de consecuencias negativas ante el aumento incontrolado de gases perjudiciales en el entorno urbano, fruto de la actividad diaria de los seres humanos. Esto ha suscitado que la calidad atmosférica haya empeorado en gran medida. 

Ante esta problemática, se hace evidente la necesidad de profundizar e investigar en las afectaciones concretas de dicho problema sobre la salud pública.

Hoy en día, la calidad del aire se considera uno de los mayores retos sanitarios a nivel mundial que se deben afrontar a causa de la contaminación del aire. A pesar de que las instituciones europeas coinciden en que se debe apostar por una reducción sustancial de las emisiones de los principales contaminantes atmosféricos, los niveles de contaminación siguen siendo demasiado altos y, en consecuencia, los problemas de calidad del aire siguen latentes. Ante esta realidad, toda la población está expuesta.

Afectaciones provocadas por la contaminación del aire

La calidad del aire, por ello, supone una prioridad indudable de la política ambiental, debido a las crecientes repercusiones sobre la salud del medio ambiente y de las personas. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recuerda en un informe que alrededor de 7 millones de muertes anuales en todo el mundo son plausiblemente atribuibles a la contaminación atmosférica y sus consecuencias que provocan en la salud de todos.

Las partículas contenidas en el aire contaminado penetran en el sistema cardiovascular y respiratorio, provocando un amplio abanico de enfermedades muy diversas. Entre ellas, cardiopatías, cáncer de pulmón, infecciones respiratorias o accidentes cerebrovasculares. Además, el informe añade que alrededor de nueve de cada diez personas de todo el planeta respiran aire contaminado. A pesar de esta realidad, la contaminación atmosférica no solo tiene afectaciones en la salud humana. Las consecuencias sobre el medio ambiente son también muy elevadas.

Por otro lado, un número cada vez más creciente de países optan por implantar medidas para atenuar el problema. Cada vez son más las ciudades que deciden medir la contaminación del aire para poder adoptar medidas al respecto. Desde 2016 más de 1000 ciudades se han suscrito a la base de datos de la OMS acerca de la calidad del aire ambiente de los entornos urbanos, la más exhaustiva en esta categoría.

Si bien el impacto producido por la contaminación es variable en cada individuo, toda la población se encuentra expuesta de todos modos. Las personas más afectadas son aquellas que padecen trastornos respiratorios o enfermedades cardiovasculares, los niños, los ancianos y las embarazadas. Durante episodios de alta contaminación, se recomienda a estas personas evitar pasar largos períodos al aire libre y realizar ejercicio, con el fin de reducir la exposición.

Principales gases contaminantes

Existen una gran variedad de gases que contaminan la atmósfera, pero dentro de un entorno urbano los más perjudiciales para la salud humana son los óxidos de nitrógeno y el ozono. El también conocido como monóxido de nitrógeno es un gas incoloro que se produce durante la quema de combustibles fósiles, bien sea generado por los automóviles durante el transporte o durante los procesos productivos en la industria. También se deriva de la inadecuación de los usos de sistemas de calefacción utilizados. Es el principal gas causante de problemas de salud y, además, puede convertirse finalmente en ácido nítrico y producir, así, lluvia ácida o aumentar el efecto invernadero.

En segundo lugar, la contaminación por ozono resulta altamente perjudicial cuando tiene lugar en las capas más bajas de la atmósfera. Se deriva, también, de los gases de escape de los vehículos de combustión y  se potencia cuando hay una radiación solar intensa. Las consecuencias directas a la exposición en dosis elevadas de este gas en los seres humanos son irritación de la garganta y las fosas nasales, así como sequedad en las vías respiratorias superiores debido a la pérdida de sus mucosas.

Otros elementos que influyen en la contaminación en las ciudades

Un problema común en muchas ciudades es que la combinación de altos niveles de contaminación en el aire y una orografía determinada puede favorecer la aparición de fenómenos como la inversión térmica.

En consecuencia, se dificulta la dispersión de los gases contaminantes. Los principales factores que pueden provocar este fenómeno son muy variados y suelen verse potenciados por causas meteorológicas. En invierno, por ejemplo, se suele formar encima de las ciudades una capa de aire caliente que retiene el aire frío por debajo.

De modo que los gases contaminantes que se forman en la ciudad se quedan atrapados. Si, además, alrededor de la ciudad hay montañas, estas van a impedir posibles vías de escape de esta bolsa de aire. Aunque existen otras posibles causas como un patrón de vientos de baja intensidad, una ausencia prolongada de lluvias o una baja humedad relativa.

Otra situación que suele ocurrir en las ciudades durante episodios de alta contaminación son los esmogs, también conocidos como neblinas contaminantes. Se trata de un tipo contaminación durante periodos de altas presiones y causado, en gran medida, por la combustión de los automóviles. En concreto, se deben a la contaminación NOx, unas partículas muy perjudiciales para la salud humana que expulsan, sobre todo, los motores de gasolina.

La situación en España

En España la Ley 34/2007 establece claramente que la atmósfera es un bien común, indispensable para todas las personas y que exige ser conservado. Es por este motivo por el que la protección de una calidad del aire óptima en las ciudades es una de las prioridades principales de la política ambiental.

A modo general, sin embargo, España se aleja en gran medida de ser un país con una calidad atmosférica satisfactoria. A pesar de haber mejorado en términos absolutos durante la última década, gracias a la implementación de medidas y reglamentaciones más estrictas sobre el sector industrial y su desplazamiento fuera de las ciudades, aún queda mucho camino por recorrer.

Además, algunas de las medidas dirigidas a reducir la contaminación no han sido del todo exitosas. Del mismo modo que ha ocurrido en el resto de los países europeos, la propagación de los motores diésel ha tenido efectos negativos. A pesar de ser más eficientes que los de gasolina, resultan ser más contaminantes en cuanto al tipo de partículas que emiten. Por otro lado, en España ha habido un aumento ininterrumpido en el volumen del tráfico rodado, generando episodios de alta contaminación en ciudades como Barcelona o Madrid.

En general, las ciudades españolas destacan por sus elevados y preocupantes niveles de ozono y dióxido de nitrógeno. En el año 2017, según un informe de Ecologistas en Acción, el 88 % del territorio español estuvo expuesto a niveles de contaminación superiores a los que recomienda la OMS. Las partículas en suspensión, el ozono, el dióxido de azufre y el dióxido de nitrógeno son los productos más peligrosos que han superado el umbral.

Deterioro de la calidad del aire en Granada

La ciudad de Granada se presenta como una población ideal para estudiar la contaminación atmosférica de una ciudad española. Se trata de una ciudad de tamaño medio, con un área metropolitana de casi 500 000 habitantes y una industrialización baja. Se encuentra rodeada de montañas que favorecen la ya mencionada inversión térmica durante el invierno y presenta vientos más bien débiles. Además, cuenta con una intensificación del anticiclón de las Azores, por lo que las precipitaciones son escasas y se promueve la estabilidad atmosférica.

Así pues, para estudiar la calidad atmosférica se han situado tres estaciones de muestreo a lo largo de la ciudad. En ellas se mide la concentración atmosférica de ozono, monóxido de carbono, dióxido de azufre, óxidos de nitrógeno y material particulado.

A partir de las mediciones tomadas, se ha puesto en marcha el Plan PMCAGR 2017, elaborado por el Ayuntamiento de Granada. En este se exponen diferentes medidas para reducir los niveles de contaminación, aplicables tanto a nivel residencial, comercial e institucional. Entre estas destacan:

  1. Un amplio conjunto de cursos formativos y educativos acerca de la calidad del aire, la salud y su relación con la contaminación atmosférica con el objetivo de concienciar a la ciudadanía.
  2. Mejorar la eficiencia de los edificios municipales.
  3. Fomentar la movilidad sostenible con un sistema de alquiler de bicicletas.
  4. Poner en marcha un protocolo de actuación en caso de episodios de alta contaminación.
  5. Elaboración de un inventario de instalaciones de combustión para la calefacción.
  6. Controlar las emisiones contaminantes que se producen en las actividades industriales localizadas en el área metropolitana.

A modo de conclusión, así pues, queda clara la necesidad de apostar por una calidad atmosférica óptima con el fin de cuidar nuestra salud. La calidad del aire en prácticamente la totalidad del territorio español ha empeorado, por lo que se requieren medidas para revertir el problema. Respirar aire limpio y que no conlleve riesgos para la salud es una necesidad inalienable de los seres humanos.