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La inteligencia emocional sigue de moda

La inteligencia emocional sigue de moda
La inteligencia emocional es un concepto que viene utilizándose desde hace casi un siglo, pero que encontró su nicho en el liderazgo en las organizaciones

La inteligencia emocional (IE) entró en el vocabulario común cuando Goleman publicó su bestseller en 1995. Sin embargo, la historia del concepto se remonta algo más atrás.

Algo de historia sobre la inteligencia emocional

La IE es un concepto que empezó a utilizarse durante los años 20 del siglo XX. Sin embargo, no fue hasta final de siglo cuando el concepto se popularizó, gracias a su aplicación al mundo empresarial.

Las primeras menciones del término

E. L. Thorndike empleaba el concepto de IE en 1920. Con él señalaba el conjunto de habilidades que permiten a una persona comprender a otras. Además, le asignó una vertiente práctica, en la medida en que la IE tenía cierto efecto para motivar a otras personas.

Veinte años más tarde, D. Wechsler empleaba el término para definir algunos rasgos de la inteligencia que hasta el momento no se abordaban adecuadamente.

Inteligencias múltiples

No fue hasta 1983 que H. Gardner aprovechó las ideas de estos autores anteriores en su teoría de las inteligencias múltiples. Precisamente detectó que los tests que se empleaban para calcular el cociente intelectual no valoraban adecuadamente determinados rasgos de la inteligencia.

En concreto, no se observaban la capacidad de comprender a otros o de entender los propios sentimientos. Estas facultades encajaban perfectamente en el concepto de IE, que Thorndike y Wechsler habían trabajado medio siglo antes.

La aportación de Payne y el triunfo de Goleman

W. Payne tuvo un gran éxito al trabajar el concepto, pues se suele entender que fue quien lo acuñó. Su estudio de las emociones de 1985 atrajo la atención del gran público.

Sin embargo, el éxito estaba reservado para D. Goleman, que en 1995 publicó su obra “Inteligencia emocional. Esta obra aportaba una visión biologicista de las emociones, que destacaba la relación entre el pensamiento y los sentimientos.

Sin embargo, fue la aplicación del concepto de la IE al campo del liderazgo en las organizaciones la que hizo que el concepto estuviera en boca de todo el mundo.

Una definición de la inteligencia emocional

Hasta la irrupción de la IE, las capacidades intelectuales de las personas se medían en términos de cociente intelectual (CI). Sin embargo, esta forma de medir la inteligencia presentaba graves deficiencias, ya que un CI elevado no garantizaba el éxito en la vida.

Por eso se introdujo la valoración de otros factores que ayudaran a tener una vida plena. Entre ellos, se valoraron la capacidad de entender las emociones propias y ajenas, de modo que la IE puede definirse como la aptitud para reconocer e identificar sentimientos (en uno y en los demás), gestionando las relaciones interpersonales gracias a esa habilidad de crear motivaciones.

Este concepto resultó absolutamente disruptivo, en la medida en que sugirió que una persona podía ser “inteligente” sin haber tenido acceso a la cultura o al conocimiento científico. Esto, que hoy nos parece evidente, fue una propuesta atrevida en su momento.

Por supuesto, quienes brindaron mejor acogida a esta propuesta fueron los sectores relacionados con el liderazgo. La relación con otras personas depende en gran medida de la IE del líder. Además, es muy probable que el éxito del concepto se deba en parte a la fama que actualmente tienen la neurociencia y los estudios del cerebro.

Una nueva forma de entender el conocimiento

Contra la perspectiva tradicional, que dejaba en manos de la academia el florecimiento del intelecto y convertía la memorización en la mejor herramienta, la introducción de una nueva forma de entender el conocimiento revolucionó el sector de la educación.

La IE y el liderazgo en las organizaciones

El líder sobrio y distante del siglo XX ha quedado desfasado. Actualmente no se concibe un líder sin habilidades de comunicación, sin empatía, que no entienda a su plantilla y potencie sus habilidades. Los actuales líderes deben comprender las emociones de los demás e identificar las propias.

Gracias a la comprensión emocional, los líderes actuales son capaces de manejar las situaciones de crisis y de anticiparse a los conflictos. La humanización del entorno laboral ayuda a que los empleados se sientan más identificados con la empresa, reduciendo el absentismo y el transfuguismo.

Evidentemente, la IE debe combinarse con una base intelectual potente. No se trata de guiarse sentimentalmente, sino que las decisiones deben ser racionales. Pero esta racionalidad debe considerar todo el bagaje emocional que la nueva perspectiva aporta.

Así, aunque las decisiones estratégicas sean matemáticas, la comunicación de las mismas es completamente emocional. La misma noticia puede transmitir emociones adversas. Por eso es fundamental que el líder de cualquier organización sea un estupendo comunicador. Las palabras que elija y el tono que emplee influirán en el grupo tanto como el mensaje.

El liderazgo organizacional pasa necesariamente por identificar a cada componente de la organización como un igual. Entender el valor de cada miembro de la empresa es necesario, y para ello hay que prestar atención a su situación.

Además, en cualquier empresa existe una jerarquía que hace muy difícil que los subordinados puedan comunicarse con el líder abiertamente. Por eso es necesario que el líder sea capaz de “leer” con soltura a sus empleados, y que sepa ofrecerles un espacio de desarrollo personal.

El trabajo en equipo

El trabajo en equipo ha ido ganando importancia, lo que ha revalorizado las dotes de liderazgo. En este sentido, la emocionalidad es un valor a tener muy en cuenta. Y es que la inteligencia no se suma en un grupo de personas. El cociente intelectual de un grupo de personas será, en el mejor de los casos, equivalente al cociente del más inteligente de sus miembros.

Sin embargo, con la IE ocurre diferente. Evidentemente, no se trata de una magnitud que se sume, pero sí genera sinergias que permiten aprovechar mejor cada una de las habilidades de los componentes del grupo.

Por tanto, en el trabajo en equipo pesa menos la inteligencia racional que la emocional. Solo con la segunda puede coordinarse adecuadamente al grupo, evitando conflictos y generando sinergias.

Una nueva forma de criticar a los demás

Hacer críticas es necesario para la buena marcha de cualquier organización. Una regañina a tiempo ayuda a detectar y corregir errores. Por eso es tan importante que en el centro de trabajo se creen espacios donde puedan expresarse críticas positivas.

Es importante que los directivos y mandos intermedios de la organización consigan hacer críticas constructivas a sus trabajadores. También hay que evitar la personalización de las mismas, así como los comentarios hirientes, las exageraciones y el sarcasmo.

Por tanto, aquellas personas que deban juzgar el trabajo y la actitud de los demás deben formarse en IE para no generar malestar en sus compañeros. De otro modo, las críticas pueden resultar contraproducentes por no tener en cuenta al receptor.

Esto sería una lástima, ya que la crítica ayuda a mejorar al empleado cuando está justificada. De modo que detectar y evitar las formas de crítica dañina, como la generalización, debe ser una prioridad en la estrategia de comunicación de cualquier empresa que valore la emocionalidad.

Habilidades orientadas a la acción

En definitiva, las habilidades emocionales están claramente enfocadas a la acción. Ponen en juego hábitos y facultades que permiten poner en común los sentimientos propios y ajenos para facilitar el entendimiento. Es por ello por lo que han sido tan bien recibidas en el campo del liderazgo en las organizaciones.

Así, mientras las habilidades intelectuales son de tipo teórico, y pueden ayudar a tomar mejores decisiones estratégicas, las habilidades emocionales son eminentemente prácticas. Entre otros campos, las aptitudes emocionales pueden ayudar en:

  • La negociación. Este es uno de los procesos más importantes para cualquier compañía. Existen diferentes modelos de negociación, y las habilidades emocionales pueden ayudar a optimizar el modelo elegido. En cualquier caso, entender los deseos y las barreras del otro ayudará a alcanzar una mejor posición.
  • La resolución de conflictos. Es imposible desarrollar procesos de resolución de conflictos efectivos sin poner en juego las emociones. La mayoría de los conflictos parten de enfrentamientos ideológicos o comunicativos. De modo que cierta sensibilidad en la materia ayudará a acercar las posiciones confrontadas y suavizar las relaciones dentro de la empresa.
  • La motivación del personal. Pretender disponer de una plantilla efectiva, formada y motivada sin preocuparse por sus emociones es todo un reto si no se trabaja solo con robots. Para que los trabajadores aprecien la empresa y se esfuercen por ofrecerle lo mejor de sí mismos, es necesario que la empresa se preocupe por sus necesidades y por su bienestar. La IE puede trabajarse estableciendo talleres o espacios de comunicación, por ejemplo. Cualquier actividad orientada a conocer a la plantilla terminará resultando beneficioso para la empresa.
  • La toma de decisiones estratégicas. Generalmente, cuando una organización se debate entre un plan A y un plan B lo hace en términos de beneficios-pérdidas. En estos casos, suele pasar que el debate se vicia en determinados aspectos, que normalmente son perimetrales. Y es que en una reunión pueden surgir los juegos de ego, las rencillas del pasado y la resistencia a posiciones ajenas. Por eso, un líder o un facilitador que permita centrarse en el verdadero debate agilizará la toma de decisiones. Además, podrá trabajar fuera del espacio de la reunión en esos elementos perimetrales, garantizando el buen entendimiento de la organización.

En definitiva, la inteligencia emocional permite mejorar en muchos procesos críticos de la compañía. Por eso sigue de moda, después de haber dado tema de conversación durante casi un siglo.

Comentarios (2)

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Gladys Romero Lucero

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Estoy de acuerdo , en definitiva el adecuado manejo de la I.E mejora el trabajo en las Compañias, la buena relación entre los miembros y la mejor atención al cliente.
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ALICIA Blanca Gomez MUÑOZ

Enviado el

Siempre me atrajo el tema de la Inteligencia emocional.
Desde pequeños, hemos podido verlo dentro de nuestro grupo de amigos.
Quizás sea un tópico, pero creo que todos tuvimos el típico líder (persona carismática, extrovertida, la que entusiasmaba al resto con sus iniciativas) y no necesariamente era el que sacaba mejores calificaciones en matemáticas, lengua o inglés, por ejemplo.