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Las nuevas Atenas

Las nuevas Atenas
La Carta para la Planificación Ecosistémica de Ciudades y Metrópolis propone el regreso a la polis ateniense y pone sobre la mesa el urbanismo ecosistémico

El hábito de identificar la ecología con la naturaleza hace olvidar que una gran parte de la población no vive en el campo, sino en las ciudades. La población de las urbes crece exponencialmente, y a mitades de siglo será de más del 70 % de la población total. Para la Carta para la Planificación Ecosistémica de Ciudades y Metrópolis este es un dato que cobra relevancia.

Es incuestionable que el Ártico y la Antártida desempeñan un papel clave en el calentamiento global. Este hecho es igualmente claro y meridiano que el peso específico de las ciudades en el cambio climático. Así, se habla del urbanismo ecosistémico. En concreto, de los ecosistemas urbanos, en los que el ser humano desenvuelve gran parte de su vida.

Hacia el urbanismo ecosistémico

¿Responde el urbanismo a los retos actuales y a las disfunciones que se relacionan con estos? Salvador Rueda Palenzuela, arquitectoes rotundo al responder a esta pregunta: claramente, no.

La energía, el agua, la explosión de la distribución urbana, el uso masivo del vehículo privado, las telecomunicaciones son, entre otros, factores que se ligan a la sociedad de hoy. El urbanismo actual bebe de la fuente del urbanismo funcional. Este no es capaz de abordar las variables que, a diferentes escalas, es urgente tener en cuenta.

Se impone un nuevo urbanismo. Un urbanismo que se acomode a una sociedad más sostenible y a una ciudad que, a su vez, dé salida a la estrategia para competir basada en la información. Esto es, que atienda, de un modo más eficiente, a las premisas de la sociedad del conocimiento.

La nueva planificación, denominada “urbanismo de los tres niveles” es aquella que esboza no un único plano, sino tres con la misma especificación y al mismo nivel que los urbanistas plantean en la actualidad los mapas.

Carta para la Planificación Ecosistémica de Ciudades y Metrópolis, una copia de la naturaleza

Se ha gestado un admirable documento: la Carta para la Planificación Ecosistémica de Ciudades y Metrópolis. El texto es iniciativa de la Agencia de Ecología Urbana de Barcelona. Un documento elaborado por el arquitecto Salvador Rueda Palenzuela, pero abierto a todo el mundo al que se están adhiriendo ciudades y organizaciones de todo el mundo.

La Carta se perfila como una herramienta ecológica de las urbes, considerando a la urbe como la comunidad de seres vivos más compleja creada por el ser humano.

El modelo urbano que se ajusta a todos los requisitos -manifiesta la Carta– se articula en cuatro ejes:

  1. Su morfología es compacta.
  2. Su organización antrópica y morfológica es compleja.
  3. Goza de una eficiencia metabólica.
  4. Es socialmente cohesionado.

Este modelo definido por Salvador Rueda es el marco teórico de un nuevo modo de construir y hacer ciudad: el urbanismo ecosistémico.

Lo que propone la Agencia de Ecología Urbana de Barcelona es algo tan fácil como copiar a la naturaleza. Ante la actual competición entre sistemas urbanos, que aboca al desastre, propone una estrategia de cooperación basada en el conocimiento y la biodiversidad.

En concreto, pone sobre la mesa la estrategia que emplea la naturaleza: aumentar la complejidad organizada y, al mismo tiempo, reducir la energía necesaria para mantenerla.

El derroche de energía del actual modelo de ciudad es insostenible. Ningún ecosistema actúa de este modo. La naturaleza ni genera basura ni derrocha energía, todo se auto recicla y ocupa su lugar en la cadena trófica, y siempre con la ley del mínimo gasto necesario.

El urbanismo ecosistémico va en la línea de esta ley entrópica. La ciudad no puede ser una pesada carga para su entorno. Los cuatro ejes que lo articulan plantean una reelaboración del concepto de ciudad con nuevos usos especiales, mayor porcentaje verde y menos viario.

En los ecosistemas urbanos, las personas son el componente principal. La Carta para la Planificación Ecosistémica de Ciudades y Metrópolis plantea un retorno a la metrópolis ateniense y esto es, en esencia, hondamente democrático.

Los quince principios para el proyecto ecosistémico de las ciudades

Los ecosistemas urbanos están profundamente enfermos. De vez en cuando, urbes como París o Madrid se despiertan con la denominada “boina negra”. Se activan protocolos puntuales, técnicas de conservación temporal.

Se ha de cuestionar esta locura y repensar las ciudades, como lo hacen los quince principios que guían el urbanismo ecosistémico. La primera necesidad se concreta en corregir la aglomeración y restablecer el equilibrio urbano, lo que es sinónimo de más espacio público.

De aquí se llega al tercer principio que sería la reducción de la movilidad privada. La alternativa es el transporte público, el cambio de hábitos, y un cambio estructural: las supermanzanas.

Se perfila una nueva ciudad humanizada y que humaniza en la que las personas ocupan las casillas de un tablero de juego que serían las supermanzanas.

Este cambio de chip nos conduce a las smart cities o ciudades inteligentes, basadas en el uso inteligente de las nuevas tecnologías al servicio de las personas. La perfección ecológica en estas ciudades vendría reformulada por la multiplicación de la biodiversidad y la superficie verde: reverdecer las ciudades.

El actual panorama energético es insostenible: ciudades-asfalto recalentadas, edificios térmicamente poco o nada inteligentes, por no hablar de la sinrazón del laberinto de calles, parkings y semáforos en los que se consume medio depósito y media vida.

La ciudad verde implica repensar y rehacer el suelo, la calidad del aire y el agua, el clima y el régimen hidrológico. La Carta propone reservas de suelo permeable, una suerte de entramado de parques, espacios intersticiales, interiores de manzana, cubiertas verdes y calles sin tráfico.

El asfalto y el cemento rompen el ciclo hidrológico y reducen la biodiversidad

Mientras el asfalto que pisamos y el cemento que reviste los edificios quiebran el ciclo del agua, la red verde regula de manera natural la humedad, el calor y la lluvia. En definitiva, el confort ambiental.

Se trata de reverdecer la ciudad y restablecer la interconexión honda del ser humano con la Naturaleza, rota por el actual canibalismo urbano, y satisfacer, de esta forma, la necesidad de las personas de ser y estar en la Naturaleza.

Por tanto, la esencia consiste en la regulación de los usos urbanos en favor de los huertos y parques agrarios, de entramados y cinturones verdes y azules. Un tejido en el que sea viable la biodiversidad.

Las ciudades, principales causantes del calentamiento global

Estos parámetros abrirán las puertas a la autosuficiencia energética de las ciudades. Hoy son sumideros de energía y emisores del 75 % de los gases de efecto invernadero.

En este sentido, la Carta sugiere un sistema energético descentralizado, limpio, eficiente, seguro y renovable, basado en el ahorro, eficiencia y generación local a partir de fuentes energéticas renovables: viento, captación solar, geotermia, mareas, biomasa.

Todo ello unido a estrategias de ahorro energético. Frente al despilfarro, la ciudad verde requiere una nueva transformación digestiva basada en las 3R: reducir, reutilizar y reciclar. Resulta incoherente combatir el cambio climático con ciudades internacionalmente recalentadas, en una constante ebullición dañina.

El urbanismo ecosistémico pasa también por edificios más sostenibles y políticas de cohesión social frente a la exclusión. La desigualdad tampoco es ecológica.

La aplicación de los principios del urbanismo ecosistémico

Los quince principios se concretan en la realidad de la siguiente forma:

  1. Se reserva un mínimo de la superficie edificada para ubicar a las personas jurídicas.
  2. Las infraestructuras destinadas a la movilidad consisten en un entramado viario que se reserva, en su mayor parte, al acceso a los residentes, a las emergencias y a la distribución urbana de mercancías a una velocidad de 10 km/h.
  3. La ciudad será aséptica en carbono y tendrá un elevado porcentaje de autarquía energética. Asimismo, será autosuficiente en cuanto a los recursos hídricos. Se practica la recogida selectiva y la mayor parte de la parte orgánica se destina para elaborar compost.
  4. El sistema térmico es de suma eficiencia, de tal forma que se transfiere el excedente del verano al invierno. Esta energía sobrante se almacena en depósitos de agua de gran tamaño que se encuentran enterrados. Estos, mediante una bomba de calor, aportan hasta el 100 % en climatización y agua caliente sanitaria.
  5. La ordenación del verde urbano se diseña para aproximar a la avifauna, conseguir una ciudad más absorbente a los elementos naturales y brindar zonas verdes de relación a la ciudadanía.

Los ciudadanos, dueños de su propia existencia

Es esencial que los ciudadanos se hagan dueños de su propia existencia para la transición hacia el urbanismo ecosistémico y el cambio de los actuales estilos de vida. Estilos innovadores que permitan abordar los retos de la sostenibilidad en la era de la información.

La nueva era debe dibujar un nuevo paradigma, distanciado de los principios asumidos durante la edad industrial, causantes del escenario de insostenibilidad actual.

El esfuerzo formativo e informativo ha de ser enorme, equivalente al cambio que urgentemente se necesita.

Por tanto, las nuevas Atenas serán ciudades donde el protagonista es el ciudadano. Una urbe compacta y diversa, con un espacio público de calidad. Los ciudadanos se moverán mejor y la calle será un entorno acogedor. Su impacto sobre el planeta quedará reducido y se promoverá la cooperación internacional.