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Recomendaciones para diseñar un curso de formación de formadores

Recomendaciones para diseñar un curso de formación de formadores

En el siglo pasado el psicólogo Abraham Maslow, conocido desde 1943 por la famosa pirámide que explicaba escalonadamente las necesidades motivacionales de los individuos, presentaba un análisis de los procesos de aprendizaje en el que destacaba algo tan simple como que el éxito de la formación dependía en gran parte del nivel de satisfacción de profesores y alumnos durante el curso.

Por ello debemos preocuparnos de que los formadores tengan la preparación adecuada para diseñar, impartir y evaluar acciones formativas con el fin de llevar a buen puerto los objetivos de aprendizaje y satisfacer así las necesidades y expectativas de los alumnos.

En este contexto un recurso bastante utilizado son las acciones de formación y reciclaje de formadores que frecuentemente se conocen como cursos de “Formación de Formadores”. En muchas empresas e instituciones este tipo de acciones formativas suelen ser específicas para que un grupo de formadores aprenda a impartir de manera dinámica, participativa y atractiva para los participantes un curso determinado sobre seguridad y salud laboral, igualdad de oportunidades, atención al cliente, sistemas informáticos, calidad, ...

Pero también existen cursos de reciclaje o de formación de formadores de carácter general o transversales que lo que buscan es mejorar las capacidades docentes de cualquier profesor con independencia de la materia que imparta o de la metodología que utilice, bien sea ésta presencial, on-line, blended o semipresencial.

Recientemente modernas disciplinas como la neuropsicología o el neurocoaching están aportando grandes avances e innovaciones, basadas fundamentalmente en técnicas de comunicación y programación neurolingüística, que permiten a los formadores desarrollar ejercicios prácticos y atractivas dinámicas con el fin de motivar y hacer a cada alumno protagonista de su proceso de aprendizaje.

Consejos para diseñar un curso de formación de formadores

  • Planificación y diseño: estas fases son claves para el éxito y con este fin es determinante que los formadores integren en ellas las opiniones de los clientes o futuros alumnos. Un buen curso de formación de formadores debe facilitar al docente herramientas para identificar las necesidades de formación y para diseñar itinerarios, objetivos, contenidos y ejercicios entrelazados que deben plasmarse en mapas mentales.
  • Escucha activa: como buen comunicador un buen formador debe saber también escuchar activamente y para ello hoy en día no es necesaria que esta comunicación sea bidireccional.

Gracias a la sociedad del conocimiento y de la información en la que vivimos, internet y las redes sociales profesionales brindan a los instructores magníficas oportunidades para investigar y conocer antes del curso acerca de los antecedentes académicos y profesionales de cada participante en el mismo.

Asimismo, es importante desarrollar la escucha activa para incorporar en el curso ejercicios y reflexiones basados en material auténtico del puesto de trabajo de cada participante.

  • Individualización de la formación: independientemente de que uno de los primeros retos que tiene el instructor es identificar el perfil del alumno medio en cada grupo de formación para dirigirse a él; hoy en día gracias a las plataformas de formación on-line existe la posibilidad de individualizar al máximo la formación a impartir, sobre todo incidiendo en las oportunidades de agradecimiento y motivación hacia cada alumno.

De esta manera podemos conseguir que los alumnos que puedan estar más distanciados del nivel medio del grupo avancen más rápidamente gracias a materiales o explicaciones complementarias dirigidas exclusivamente a quienes las necesitan. Del mismo modo, aquellos alumnos más aventajados pueden recibir también recursos de mayor profundidad o especialización que los desarrollados en el curso.

También existe en la actualidad la posibilidad de que el profesor grabe en vídeo la tradicional clase magistral y la envíe con carácter previo a la clase a los alumnos, flipped classroom, de manera que después en el aula se dispone de más tiempo para atender cuestiones y dudas individuales y para desarrollar dinámicas de grupo que fomenten la participación y motivación.

  • Aprendizaje práctico, universal y colaborativo: este nuevo paradigma que adoptan la mayoría de los formadores demuestra ser altamente efectivo. Para ello es importante que los formadores desarrollen valores como la humildad y la capacidad para reconocer la experiencia, actitudes, conocimientos y habilidades de los participantes. Aunque para algunas resulte paradójico en la actualidad los alumnos pueden disponer en internet, a golpe de unos pocos  clicks,  explicaciones tan buenas como las de su profesor, e incluso mejores. Por ello es bueno que el formador asuma su rol como facilitador y motivador en el proceso de aprendizaje.
  • Uso de recursos variados y complementarios: para que la formación sea estimulante debe ser, en su justa medida, variada. Es bueno utilizar diferentes tipos de recursos y herramientas, tales como: check lists, cuestionarios, infografías, vídeo, enlaces de interés, minutos de reflexión, role playing, y sobre todo juegos e interesantes dinámicas de grupo, haciendo honor a la frase Menos Powerpoint y más Power People”, que den protagonismo a los participantes y que les ayuden a desarrollar competencias interpersonales para poner en valor los contenidos que aprenden.
  • Importancia del componente lúdico en el aprendizaje: el término gamification está de moda y al igual que en el marketing se usa para atraer y fidelizar clientes en la formación hay que integrarla en el proceso de aprendizaje. Todo esto es lógico y hasta de sentido común, pero conviene recordarlo porque no hay que olvidar que los adultos somos, por naturaleza, resistentes al cambio y que el entorno natural en el que hemos aprendido a aprender es practicado a través del juego.
  • Puesta en Escena: Es muy importante cuidar las primeras impresiones. De hecho, numerosos investigadores aseguran que los momentos iniciales tienen alto impacto y que en muchas ocasiones no es fácil disponer de una segunda ocasión para dejar una buena primera impresión. Para ello compartimos aquí algunas buenas prácticas que podemos aplicar tanto en sesiones presencial como en webinars o videoconferencias:
    • Saludar a los asistentes personalmente antes del comienzo de la sesión: Esto no siempre es posible, pero hay que intentarlo. Para hacer esto hay que llegar con tiempo y si se puede incluso estrechar la mano o saludar a cada uno de los participantes.
    • Preguntar al grupo acerca de sus expectativas y comprometerse a atenderlas y revisarlas al final de la sesión o del proceso y formación.
    • Empezar el curso con algún ejercicio tipo “rompe hielos” que permita a los participantes conocerse entre sí y compartir sus inquietudes y objetivos en relación con el curso.
    • Durante todo el curso, pero especialmente al principio y al final, es muy útil usar técnicas de “Story telling”, así como poemas y relatos o cuentos ilustres y escenas de películas famosas que permitan reforzar los contenidos y objetivos principales de la acción formativa.
    • Insistir y repetir conceptos y aprendizajes clave y, en la medida de lo posible, practicarlos en el aula.

Dicho esto, y a pesar de que todo debe estar planificado y diseñado considerando los aspectos que acabamos de comentar y las tecnologías y recursos disponibles en el aula, es importante que el formador tenga ciertas habilidades de improvisación y busque sorprender al grupo.

  • Plan de acción para la puesta en práctica del aprendizaje: Tal y como hemos comentado en algún otro artículo de este blog sobre aprendizaje experiencial, es fundamental diseñar un plan de acción contando con los participantes e incluso con sus supervisores, como garantes estos últimos de brindar oportunidades de aplicación de lo aprendido durante la formación en el puesto de trabajo.

Como lo que no se aplica se olvida rápidamente cada vez son más frecuentes las comunidades de prácticas, que permiten a alumnos y profesores intercambiar dudas, opiniones y experiencias aplicadas.

  • Evaluación y mejora continua: lo que no se mide no se puede valorar ni mejorar, por ello es importante  evaluar el proceso de formación en sus diferentes fases con el objetivo final de renovar dinámicas, materiales, planes de acción, cuestionarios, herramientas y recursos.

Beneficios de la formación de formadores

Para terminar, se reflejan las ventajas que conlleva el desarrollo de este tipo de acciones formativas cuyo objetivo es la mejora de habilidades docentes:

  • Mejora de la calidad de la formación: gracias a la incorporación de buenas prácticas y el reciclaje de habilidades.
  • Mejora del proceso de integración de nuevos trabajadores: ya que precisamente son ellos los que más formación suelen recibir en las empresas.
  • Transmisión de cultura y valores corporativos: especialmente cuando la formación de formadores se desarrolla a través de instructores internos.
  • Identificación y desarrollo de talento y compromiso con la organización: al poner en marcha talleres internos de “formación de formadores” es fácil detectar y desarrollar el potencial de los trabajadores y su identificación con la organización a través de sus habilidades comunicativas.

Comentarios (1)

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ALICIA Blanca Gomez MUÑOZ

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Gracias Jesús, me gustó mucho tu artículo.
Hace varios años realicé un curso de Formador de formadores, enfocado al voluntariado, que posiblemente fué uno de los más interesantes que he hecho en mi vida, me aportó muchísimo en todos los sentidos.
Un saludo!