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Superproductivos

Superproductivos

Existen trabajadores extraordinariamente productivos. Son esos vendedores que en el mismo tiempo son capaces de vender ocho veces más que sus compañeros, consultores que logran realizar una gran cantidad de trabajo sin tener que trabajar más horas, abogados que son capaces que sacar adelante más asuntos que otros, carniceros que preparan y despachan mucho más rápido los pedidos de los clientes, limpiadores que hacen su trabajo en la mitad de tiempo que otros,  cajeros, repartidores, profesores, directivos… Seguro que todos conocemos a alguien que nos parece inusualmente productivo por su capacidad para cumplir con las metas en menos tiempo y con mejores resultados. Las personas superproductivas se encuentran realmente en todas las industrias y a todos los niveles, y son oro para las organizaciones. En efecto, mejorar el rendimiento y productividad en un mundo cada vez más globalizado, complejo y competido es fundamental. Además la productividad está íntimamente relacionada con el grado de compromiso que las personas muestran en el ámbito laboral. La productividad significa que se usan menos recursos y se emplea menos tiempo, por eso cuando falla son los propios empleados los que deben compensarla, aportando mayor esfuerzo, dedicación y tiempo. Este sobreesfuerzo sostenido termina por provocar la frustración, el desánimo y la desafección que vemos en muchas organizaciones. Jack Zenger y Joseph Folkman han realizado recientemente un estudio con más de 7.000 personas que fueron evaluadas por sus gerentes y 11 de sus compañeros en cuanto a su productividad. El análisis les ha permitido identificar siete habilidades de las personas superproductivas, es decir, siete comportamientos específicos que se correlacionan con altos niveles de productividad:

Tener un proyecto. Ocurre algo mágico cuando las personas trabajan para un proyecto, Un proyecto ayuda a motivar, a acelerar el ritmo de trabajo y a eliminar distracciones. Los proyectos ayudan a estructurar el trabajo, marcar tiempos, metas y responsabilidades. Los proyectos también facilitan reconocer con claridad el trabajo y el esfuerzo de todos los implicados en el mismo. Fijar metas flexibles también puede ser una ayuda. Como ilustran  Zenger y Folkam, pensemos en un día que decidimos hacer cosas en casa y cómo es nuestro rendimiento si nos dedicamos a hacer muchas cosas aleatorias o nos centramos en un gran proyecto (ordenar el trastero, pintar la valla….). Trabajar en grandes proyectos acelera nuestra productividad.

Persistencia. Todos conocemos personas tremendamente perseverantes. Si ellos dicen: "Se hará", es que realmente se terminará. Se trata de no posponer las cosas con excusas y distracciones para luego tener que correr a hacerlas a última hora. Debemos descubrir el modo de entregar nuestros  resultados de manera consistente, semana tras semana y mes tras mes. Lograr esa cadencia permite además coger la “velocidad de crucero” necesaria para mantener el ritmo que exige sacar las cosas adelante.

Tener conocimiento y experiencia. Existen pocas cosas que maten la productividad más rápido que la falta de conocimiento o experiencia. La tarea aparentemente más simple se vuelve extremadamente compleja y hasta caótica cuando no sabemos con precisión qué debemos hacer y/o cómo debemos hacerlo. Cuando sabemos lo que estamos haciendo, todo es más sencillo y podemos trabajar más rápido. En este sentido, sin embargo, también es muy importante nuestra capacidad para encontrar y adquirir ese conocimiento cuando nos falte para enfrentarnos a nueva tarea.  Para mantenerse hábiles, exigentes y rápidos es importante ser rápidos también en adquirir esa nueva habilidad que necesitamos y trabajar para expandir nuestra  experiencia y conocimiento.

Conducir a resultados. La mayoría de la gente está dispuesta a aceptar la responsabilidad de lograr los objetivos y a trabajar a un ritmo razonable para lograr los resultados esperados. Pero hay algunas personas que tienen un gran deseo de llegar antes y más rápido a esos resultados. Están encantados de poder tachar algo de su lista de cosas por hacer. Son competitivos, y compiten no solo con sus colegas sino también consigo mismos. Les gusta establecer nuevos récords de rendimiento y mejorarlos.

Anticipar y resolver problemas. Las personas más productivas son excelentes solucionando problemas. Ofrecen soluciones innovadoras y logran un trabajo más eficiente. También tienden a anticipar obstáculos y comenzar a trabajar en soluciones de antemano y así evitar algunos de los problemas con los que se topan otras personas.

Tomar la iniciativa. Para muchas personas, la parte más difícil de hacer un trabajo es comenzar. Las personas más productivas comienzan rápido y nunca esperan que les digan que comiencen. Piden perdón, no permiso. De hecho, su predisposición a la acción a veces puede ocasionarles problemas: por ejemplo, podrían comenzar a ejecutar un proyecto antes de que todas las partes hayan dicho que sí. Pero sus jefes rara vez se quejan, porque sus resultados tienden a hablar por sí mismos.

Ser colaborativo. Hasta ahora puede parecer que describimos a una persona que es un trabajador individual brillante, pero que no puede trabajar bien con los demás. En las organizaciones complejas de hoy en día, alguien que actúa solo puede hacer muy poco. Todo es altamente interdependiente. Las personas más productivas son las que mejor colaboran y trabajan con otros.

La superproductividad es, en definitiva, un conjunto de habilidades que se pueden llegar a adquirir. Lograrla implica plantearnos cómo podemos mejorar nuestro rendimiento a nivel individual y colectivo, es decir, preguntarnos qué elementos o habilidades debemos adquirir, cambiar o reforzar, descartar frenos y obstáculos y potenciar todas esas palancas que sabemos nos ayudarán a hacer mejor las cosas.