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Trabajo por cuenta propia sin alta en RETA: ¿posible?

Trabajo por cuenta propia sin alta en RETA: ¿posible?
En esta publicación se explica si es posible trabajar como autónomo sin darse de alta en el RETA en caso de ingresos mínimos o de actividad secundaria.

El artículo 3 del Decreto 2530/1970, de 20 de agosto, por el que se regula el Régimen Especial de la Seguridad Social de los trabajadores por cuenta propia o autónomos (RETA), determina que está incluido en el mismo el trabajador por cuenta propia o autónomo que resida y ejerza normalmente su actividad en el territorio nacional. Esto aparentemente se aplica a todo aquel trabajador no asalariado. Ahora bien, ¿existe alguna exención que permita trabajar sin necesidad de cotizar a este régimen? Y, si es así, ¿qué hay que hacer para gozar de ella?

Son muchas las personas que, al terminar la carrera, se plantean trabajar por cuenta propia o incluso empiezan a llevar a cabo algún que otro trabajo puntual relacionado con sus estudios. En esos momentos surge la duda de si es necesario darse de alta como trabajador por cuenta propia para realizar ese tipo de tareas remuneradas. ¿Es obligatorio darse de alta como autónomo con ingresos mínimos? Y, si no se trata de la actividad económica principal y habitual, ¿hay que darse de alta? En este artículo se encuentran las indicaciones necesarias sobre este asunto en los casos más habituales y si hay exenciones para darse de alta como trabajador por cuenta propia.

Los ingresos mínimos y el alta de cotización en RETA

Existe la creencia extendida de que si los ingresos del trabajador no alcanzan la suma de un salario mínimo no es necesario darse de alta como trabajador por cuenta propia ante la Seguridad Social. No obstante, este pensamiento no es del todo cierto. El artículo 1.1 de la Ley 20/2007, de 11 de julio, indica que el Estatuto del trabajo autónomo se aplica a toda persona que ejerza su labor profesional o actividad lucrativa sin estar bajo la dirección de terceros. Sin embargo, no indica explícitamente que haya límite alguno en cuanto a la obtención mínima de ingresos. Es decir, a priori, la ley se aplica a todos los trabajadores que ejerzan una actividad por cuenta propia, independientemente de la cuantía total de sus ingresos.

Ahora bien, sí que hay un caso de jurisprudencia del año 2007 en que el Tribunal Supremo dictó una sentencia con la que determinaba que no era necesario darse de alta como autónomo si los ingresos eran mínimos. Sin embargo, puesto que es una sentencia judicial, no se puede decir que sea la normativa. Puede ser útil, pero no es definitiva. La conclusión es que existe un vacío legal por el que la Administración hace la vista gorda ante ciertos casos. Es necesario ir con cuidado, pues nada asegura poder librarse de una sanción. El hecho de que exista silencio administrativo implica que los casos se analizan de manera independiente y, por tanto, de forma más minuciosa.

El trabajador autónomo como actividad secundaria 

Otra situación en la que se generan dudas es cuando la actividad como trabajador por cuenta propia se da tan solo de manera secundaria. Es decir, el usuario cuenta con un trabajo como empleado asalariado, de donde proviene su fuente principal de ingresos, y a la vez dedica parte de su tiempo a otra actividad económica por cuenta propia. La ley sí que establece que la habitualidad del trabajo es un factor clave para que se aplique a la persona el régimen de trabajador por cuenta propia o no. Por lo tanto, alguien que de vez en cuando pinta o repara una vivienda o un traductor que se dedica a la docencia de idiomas y de vez en cuando traduce algún documento, en principio, con arreglo a la ley, no estarían contabilizados bajo este régimen. Ahora bien, la última palabra siempre la tiene la Administración Tributaria.

En este caso, se puede optar por darse de alta tan solo en Hacienda y obviar el alta en la Seguridad Social. Cabe recordar que el alta en la primera es totalmente gratuita, y es la segunda la que obliga a pagar una cuota mensual que asciende a aproximadamente 270 € en la cotización mínima (50 euros durante el primer año en el caso de nuevos autónomos). Si el trabajador se da de alta en Hacienda, se cumple con la responsabilidad para con la Agencia Tributaria y, por tanto, puede expedir facturas. A la vez, se le considera en situación de cotización por cuenta ajena. Esto puede funcionar durante un tiempo, aunque si se alarga la situación o los ingresos incrementan, será necesario darse de alta también en la Seguridad Social. Si se da esa situación, es recomendable darse primero de baja en Hacienda, esperar un tiempo prudencial, y entonces darse de alta de nuevo en ambas instituciones.

Entonces, ¿cuáles son las opciones alternativas al alta en RETA?

Tal y como se ha mencionado anteriormente, existe la posibilidad de darse de alta solo en Hacienda mientras la actividad sea de manera parcial y se cuente con un contrato como trabajador asalariado. Antes de considerar otras opciones, es necesario recordar que, con la entrada en vigor de la Ley 6/2017, de 24 de octubre, de Reformas Urgentes del Trabajo Autónomo, desde enero de 2018, los nuevos autónomos que no hayan estado dados de alta como trabajadores por cuenta propia anteriormente pagan una cuota mensual de aproximadamente 50 € y, durante los tres primeros años de actividad, pueden elegir un IRPF de tan solo el 7 % sobre las ventas que realizan (evidentemente, este último tan solo se aplica si el cliente es una sociedad o empresa). También existen cuotas reducidas en caso de doble actividad, por discapacidad, conciliación familiar, etc. Conviene informarse de bien de estos beneficios en caso de que el interesado se encuentre en alguna situación especial. En el Estado español, también existen bonificaciones según la comunidad autónoma.

Hay quien decide no llevar a cabo el alta al principio y expedir las facturas a través de cooperativas de trabajo asociado. Son empresas que, por algún precio, facturan en nombre de la persona interesada. Ahora bien, hay que tener en cuenta que algunas de estas cooperativas han sido investigadas por posible fraude fiscal. Otra opción que consideran algunos es facturar a través de un autónomo con el que se tenga confianza mientras la actividad no se estabiliza. Hay que tener en cuenta la cantidad de papeleo y quebraderos de cabeza que puede suponer eso, ya que en ocasiones las empresas tardan en pagar y Hacienda pide el IVA correspondiente, aunque este no haya sido abonado aún al trabajador.

Otra alternativa que algunos practican es darse de alta de forma intermitente cuando la actividad no es la principal. Es decir, se concentran las facturas en ciertos meses del año y lo facturan todo entonces. Hay que pactar previamente la fecha de entrega y de facturación con el cliente. No debe usarse esta opción si se trata de la actividad habitual, ya que constituye un fraude y las diversas altas y bajas pueden levantar sospechas a las instituciones. Lo más probable es que tarde o temprano se detecte y la sanción está casi asegurada.

Conclusión

El silencio institucional en cuanto a este tema no facilita la labor de los trabajadores por cuenta propia, pero sí que hay dos factores que se deben tener en cuenta: los ingresos y la habitualidad. Existen algunas alternativas, como se ha señalado, pero todas tienen sus desventajas. Ahora bien, no hay que olvidar que no darse de alta al menos en Hacienda cuando se trabaja como independiente supone siempre un riesgo. Lo mejor para el interesado es disponer de asesoría jurídica para su caso particular, ya que, al ser Hacienda la que tiene la última palabra, analizará cada situación individualmente.

En cualquier caso, es necesario recordar que para poder expedir facturas es obligatorio estar dado de alta en la Agencia Tributaria, ya que es necesario aplicar el impuesto sobre el valor añadido (IVA) y el impuesto sobre la renta de las personas físicas (IRPF). El primero lo liquida el autónomo a Hacienda en nombre del cliente y el segundo lo liquida el cliente (siempre y cuando sea una sociedad o empresa) en nombre del trabajador. En caso de no estar dado de alta en Hacienda y hacer factura, el usuario estaría cometiendo una irregularidad grave, pues se entendería que trabaja de forma fraudulenta y que se apodera en un IVA que no puede liquidar. La situación sería detectada en seguida en cuanto el cliente fuera a liquidar el IRPF a la Administración, lo que podría acarrear sanciones importantes.

También es necesario hacer hincapié en que no es nada recomendable trabajar por cuenta propia sin estar dado de alta en ningún tipo de organismo, es decir, en B. Ello impulsa la economía sumergida y, por tanto, repercute negativamente en la economía nacional, ya que priva al Estado de recibir impuestos por la actividad económica nacional. A la vez, supone una competencia desleal con respecto al trabajador autónomo que sí paga sus impuestos. Por último, supone un riesgo altísimo de ser detectado y verse en la obligación de afrontar una sanción monetaria muy superior a los costes que tendría la cotización regular.